Esta temporada miles de ballenas migran desde el hemisferio sur hacia las cálidas aguas del Pacífico para completar su ciclo de reproducción. Agosto y septiembre son los mejores meses para verlas.
Con la llegada del mes de julio alcanzan su momento pico los avistamientos de ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) en las cálidas aguas de las costas nacionales, extendiéndose hasta el mes de octubre. Durante estos cuatro meses, Panamá se convierte en un destino ideal para vivir experiencias cercanas con la naturaleza, con la oportunidad de coincidir con estos colosales compañeros de viaje.
La ballena jorobada es uno de los cetáceos más reconocibles del mar, por sus impresionantes saltos, su comportamiento social y su canto. Migran desde la Antártida hasta las costas del Pacífico, a las que llegan para reproducirse y alumbrar a sus crías. Varios lugares destacados de la costa Pacífica panameña son propicios para presenciar este espectáculo natural.

Uno de los sitios más reconocidos del país —y de toda Centroamérica— es el Golfo de Chiriquí, en donde es posible combinar el avistamiento de ballenas con estancias en ecolodges y otras actividades al aire libre que fomentan una experiencia de inmersión total en entornos naturales.
Las cálidas aguas de los Parque Nacional Marino Coiba y el Parque Nacional Golfo de Chiriquí, áreas protegidas en el perímetro de este destino, reúnen las condiciones apropiadas no solo para atestiguar el tránsito de los cetáceos, sino la presencia de otras especies como delfines, tortugas, mantarrayas y aves marinas en la misma excursión.


El Archipiélago de las Perlas es otro sitio propicio para la experiencia; ubicado a tan solo hora y media en ferry desde la capital, resulta una excelente opción para excursiones de un solo día y para admirar de cerca a estas magníficas criaturas. Otros destinos fabulosos para avistar ballenas de cerca son la Isla Iguana, Taboga y el archipiélago de Bocas del Toro.
Recomendaciones
Para disfrutar esta experiencia de manera responsable, es esencial elegir operadores turísticos autorizados que promuevan el turismo sostenible y cumplan con las normas establecidas por el Ministerio de Ambiente.
Estas incluyen mantener una distancia mínima de 250 metros, reducir la velocidad a un máximo de 7 km/h cuando haya cetáceos cerca, poner el motor en neutro y limitar el tiempo de observación a 30 minutos, o 15 minutos si hay crías presentes. Se recomienda llevar ropa fresca, protector solar y binoculares.
Además, es importante seguir las instrucciones del guía para mantener una distancia segura durante la observación. Observar ballenas en Panamá va más allá de una actividad turística: es una vivencia íntima con la naturaleza. Ver a estos colosos marinos saltar y desplazarse por aguas transparentes es un espectáculo que deja una huella imborrable en la memoria, permite conectar con la naturaleza, reducir el estrés y mejorar el ánimo.
FUENTE: Nota de Prensa.
IMÁGENES: Pexels.
