El proyecto Seabed 2030, en desarrollo desde la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, ha logrado mapear un 25 % del lecho marino del planeta, frente al escaso 6 % que se conocía al inicio.
Aunque los fondos oceánicos ocupan cerca del 75 % de la superficie terrestre, conocemos menos de su geografía que de la de la Luna. No obstante, desde hace varios años una iniciativa internacional se dedica a obtener una visión precisa de esta zona tan poco explorada, con lo que esto podría cambiar.

Conocer con detalle los relieves submarinos es esencial para garantizar la navegación segura, instalar cables submarinos, prever el recorrido de los tsunamis, responder a emergencias marítimas o estimar la subida del nivel del mar provocada por el cambio climático.
Explorar la profundidad marina fue un asunto de especial relevancia tratado durante la primera Conferencia sobre los Océanos de la ONU, celebrada en 2017. Como resultado, se estableció como objetivo elaborar, para 2030, un mapa exhaustivo y de alta resolución del lecho marino mundial, accesible para todo el público.

En marcha desde entonces, este propósito va consolidándose bajo el paraguas del proyecto internacional Seabed 2030, respaldado por GEBCO (General Bathymetric Chart of the Oceans) y The Nippon Foundation y hoy, ocho años después, el mapeo del lecho marino ha pasado de un 6% a un 25 % del suelo oceánico.
Este avance ha sido posible gracias al uso de datos históricos, tecnología de sónar en buques industriales y de investigación, así como al creciente poder de procesamiento de las computadoras.
“A medida que juntamos más datos, obtenemos esta hermosa fotografía del fondo marino, es como enfocarla. Empiezas a ver los detalles y los patrones, empiezas a entender los procesos oceánicos de otra forma. La tecnología de los satélites nos permite ahora acercarnos a la superficie de la Luna o a un barrio situado en la otra punta del mundo, pero cuando se refiere al fondo oceánico, hay un problema básico. La física… El agua está en medio”.
afirma Vicki Ferrini, investigadora del Observatorio Lamont-Doherty y responsable del proyecto del Centro del Oceáno Índico y Atlántico.

Aunque existen algunos equipos capaces de alcanzar las zonas más someras del fondo marino, la mayor parte del océano se cartografía mediante métodos acústicos, principalmente sonares, que envían ondas al lecho marino para medir su profundidad. Antes se utilizaban sonares de haz único, que solo podían registrar un punto a la vez.
“Hoy en día, los sonares multihaz se han vuelto comunes. Consigues una franja, casi como una vista en 3D directamente, y esto es exactamente lo que queremos para cartografiar el océano”.
comenta Martin Jakobsson, docente de la Universidad de Estocolmo y codirector del Centro del Ártico y Pacífico Norte de Seabed 2030.
Interés geopolítico
Pese a disponer de esta tecnología, no se ha dado un adecuado proceso de intercambio, unificación o estandarización de los datos obtenidos. Las naves recopilan las imágenes en resoluciones diversas, y factores como la turbidez del agua o las mareas pueden afectar la calidad de la captura.

Es en este punto donde Seabed 2030 interviene para filtrar, corregir e integrar la información recopilada.
“Tenemos un auténtico embrollo. Damos lo mejor para entretejerlo todo (…) asegurándonos de que normalizamos y justificamos todas las mediciones”.
dice Ferrini.
Seabed 2030 ha establecido metas de resolución relativamente amplias para su cartografía, utilizando celdas de 400 metros cuadrados en la mayor parte del océano; aun así, el proceso resulta complejo.

“Es una cuestión de coste, porque la gente no sabe por qué es necesario. Y ahora es más geopolítico que nunca antes, especialmente en el disputado océano Ártico”.
apunta Jakobsson.
Tecnología de punta como aliada
La iniciativa ha aprovechado diversos avances tecnológicos, como los sonares multihaz y el aumento de la capacidad de procesamiento de los ordenadores. Además, el aprendizaje automático contribuye al análisis de datos y la detección de patrones, e incluso puede optimizar las imágenes y ayudar a completar áreas con información faltante.
“A medida que empezamos a juntar cada fragmento y completamos la imagen (…), empezamos a ver estos increíbles canales serpenteantes en el lecho marino que parecen exactamente como lo que vemos en la tierra. Es simplemente hermoso”.
explica Ferrini.

Una parte del proyecto, financiado por la organización japonesa sin fines de lucro Nippon Foundation, se ha centrado en identificar las mayores lagunas de conocimiento sobre el lecho marino, localizadas en su mayoría en alta mar y en áreas alejadas de las rutas comerciales habituales. El uso de plataformas autónomas y flotantes equipadas con sónar podría acelerar la recolección de datos; sin embargo, por ahora, la recuperación de información “oculta” que no había sido compartida está contribuyendo en gran medida a llenar esos vacíos.
Este trabajo se desarrolla en paralelo al debate internacional sobre la posible apertura del lecho marino para la explotación de minerales clave en la transición energética.
El tema provoca controversia, y numerosos científicos, incluida Ferrini, advierten que no se deberían realizar estas operaciones sin contar primero con investigaciones más profundas sobre sus posibles impactos.“Necesitamos tener datos para tomar decisiones informadas y todavía no los tenemos”, dijo.
FUENTE: Prensa.
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