Gracias a regulaciones y políticas públicas, Francia ha logrado reducir a la mitad la contaminación atmosférica en su territorio, con un especial énfasis en los niveles de dióxido de nitrógeno (NO₂).
Estas últimas dos décadas, la implementación continua de normas y regulaciones ha permitido reducir en un 50% los niveles de contaminación del aire en la región de Île-de-France. La ciudad de París, reconocida por su atractivo cultural y urbano, presenta una notable mejora en la calidad del aire debida a la puesta en marcha de regulaciones en el tráfico rodado, la calefacción y las actividades industriales.
Airparif, organismo encargado de monitorear la calidad del aire en la región, revela que entre 2005 y 2024 la concentración de contaminantes en el aire, peligrosos para la salud, como las partículas finas y el dióxido de nitrógeno, disminuyeron en un 55 % y 50 % respectivamente. Se sabe que enfermedades respiratorias y cardiovasculares y riesgos durante el embarazo y el desarrollo neonatal se atribuyen a estos contaminantes.

A pesar de esta mejora, en 2024 todavía se registraban alrededor de 800 personas en Île-de-France expuestas a niveles de dióxido de nitrógeno superiores al límite legal establecido desde 2008.
Resultados de una labor continua
En los últimos veinte años, Francia ha ejecutado acciones contundentes como fomentos a la transición energética, nuevos impuestos sobre actividades contaminantes y ajustes orientados al parque vehicular, incluyendo nuevos límites de velocidad, restricciones vehiculares en zonas específicas y fomento de la movilidad sostenible.
Las autoridades han transformado las principales vías para automóviles en carriles para bicicletas, incorporando áreas verdes y eliminando 50.000 espacios de estacionamiento.
«La contaminación atmosférica mejora mucho más rápido en París que en el resto de la región Île-de-France» afirma Antoine Trouch, ingeniero y especialista en planificación ecológica de Airparif, quien atribuye este fenómeno, entre otras causas, al cambio masivo de los usuarios de automóviles hacia una movilidad blanda.
No obstante, los niveles promedio de dióxido de nitrógeno en la región superan notablemente los registrados en las zonas más concurridas. Esto ocurre particularmente en la carretera de circunvalación —la vía con mayor tráfico de Europa—, así como en las principales arterias y autopistas.

“Quienes residen a menos de 50 metros de estas vías están expuestos a una mayor contaminación. El número de kilómetros recorridos en coche dentro de París se ha reducido a la mitad en 20 años y, si incluimos la circunvalación, se ha dividido en una cuarta parte”.
advierte Trouch.
La movilidad blanda es entonces un factor que, bien regulado, promete gran potencial de beneficio. Si bien, su adopción parece encontrarse con una suerte de reticencia; ya, en 2023, los parisinos rechazaron en un referéndum consultivo, el uso de patinetes eléctricos, convirtiéndose en la primera urbe europea en vetar el alquiler intensivo de este medio de transporte. Ello puede repercutir en los marcadores actuales.

Dan Lert, adjunto de la alcaldesa Anne Hidalgo, defiende que la reducción de un 40 % de la contaminación del aire en París debe mucho a la disminución proporcional del tráfico vehicular y las políticas de fomento al uso del transporte público y la movilidad activa. Aquí destaca la prohibición de vehículos con clasificación Crit’Air 3, vigente desde inicios de este año.
Esta medida prohíbe la circulación por París y su periferia interior (79 municipios) de autos con diésel de más de 14 años y los de gasolina de más de 19 años. Sobre el caso particular de la circunvalación, Lert explica que se hará «todo lo posible para proteger la salud de los residentes», mediante la transformación de la circunvalación y el cuidado de las Zonas (ZFE) con circulación controlada de vehículos.
Aunque se ha registrado una disminución del 42 % en las emisiones de óxidos de nitrógeno, en particular gracias a la proliferación de las zonas ZFE en la ciudad, los niveles de ozono troposférico, dañino para la salud respiratoria, no han mostrado mejoras significativas, ya que su formación sigue favorecida por el calentamiento global y las condiciones climáticas variables.
Menos eventos de polución
En 2024, París y sus alrededores registraron solo tres episodios de contaminación, la cifra más baja jamás vista, frente a los diez del año anterior. Esta mejora se refleja también en una reducción del 40 % en las muertes prematuras por contaminación del aire entre 2010 y 2019, pasando de 10.000 a 6.200. Airparif espera que estas acciones logren una reducción adicional de un tercio para 2030.
París se toma en serio el problema de la contaminación del aire como asunto de salud pública. En 2019, este mal redujo en promedio 10 meses la esperanza de vida por adulto y fue responsable de entre el 10 y el 20 % de los nuevos casos de enfermedades respiratorias crónicas, así como del 5 al 10 % de patologías cardiovasculares y metabólicas. En 2024, más de 2,6 millones de personas en Île-de-France aún respiraban aire con niveles de contaminantes superiores a los límites establecidos por la nueva directiva europea para 2030.
“Es absolutamente esencial que las políticas públicas de reducción de las emisiones de contaminantes atmosféricos continúen. Y se intensifiquen para alcanzar estos umbrales. Conseguirlo evitaría 7.900 muertes prematuras”.
puntualiza Trouch por Airparif.
Vale la pena celebrar estos logros que, si bien no masivos, sí que son muy significativos a nivel mundial. Ya otras ciudades europeas como Londres, Berlín y Roma siguen el camino de la sostenibilidad adoptado por Francia, buscando un equilibrio entre el desarrollo económico, la protección ambiental y el bienestar social.
FUENTE / IMÁGENES: Cambio16.
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