La startup Bioheat produce esta variedad de combustible ecológico a partir de residuos de la producción de aceite de oliva, aplicando principios de economía circular.
Yassine Khelifi es el ingeniero originario de Túnez fundador de Bioheat, un modelo de negocios de éxito significativo en materia de sostenibilidad y economía circular. Su emprendimiento ha logrado producir un combustible ecológico a partir de enormes cantidades de residuos generados en la producción de aceite de oliva, contribuyendo en el proceso, a disminuir la deforestación y las emisiones de carbono.

Pese a las dificultades usuales del entorno empresarial, Bioheat ha logrado sostenerse en el tiempo comercializando briquetas elaboradas con desechos de aceituna, tanto en el mercado nacional como en el internacional.
Un nicho sin explotar
El cultivo de olivos en Túnez es uno de los rubros agrícolas que distingue al país africano de sus vecinos. Esta práctica tiene raíces que se remontan al periodo romano, y las comunidades rurales han utilizado históricamente los restos de aceituna como fuente de calor o como alimento para el ganado.
Actualmente, el país es el tercer mayor productor de aceite de oliva del mundo y el segundo exportador de dátiles, con una economía fuertemente sustentada en el sector agroindustrial. No obstante, esta abundante producción de aceite conlleva una enorme generación de subproductos. A lo largo del tiempo, la producción de orujo de aceituna superó ampliamente la capacidad de consumo local para calefacción, llegando a acumularse anualmente unas 600.000 toneladas de este residuo.
“Siempre me pregunté cómo este material podía arder durante tanto tiempo sin apagarse. Fue entonces cuando me pregunté: ‘¿Por qué no convertirlo en energía?’”.
comentó Yassine Khelifi, ingeniero que vive y trabaja en el norte del país.

En 2018, Khelifi viajó a Europa en busca de una máquina capaz de convertir el orujo de aceituna en combustible en forma de briquetas. Encontrarla y adaptarla en Túnez le tomó tres años de pruebas y experimentación. Hoy, producen briquetas con apenas un 8% de humedad. En comparación, la leña curada debe dejarse al sol durante un año o más, mientras que las aceitunas pueden tardar la mitad.
En su fábrica, donde emplea a 10 personas, camiones llenos de residuos de aceituna se secan al sol antes de que los trabajadores los introduzcan en la máquina. Se producen rollos largos y huecos, se cortan en secciones, se envasan y se venden.
El dueño de una pizzería tunecina empezó a usar briquetas para reducir el humo de su horno de leña, que irritaba a los vecinos. Afirmaba que los residuos “llevan el alma de las aceitunas tunecinas y le dan a la pizza un sabor especial”, mientras que otros clientes de Khelifi afirmaban que reducían sus gastos de calefacción en un tercio.
Alrededor del 60% de las briquetas se exportan, y Khelifi espera producir 600 toneladas para finales de año, momento en el que consumiría él solo el 1% de los residuos de aceituna del país. Cualquiera que haya tomado un tren por la costa norte o este del país, o haya parado en la isla de Djerba para pasar unas vacaciones y haya visto el alcance de la producción de aceitunas tunecinas, tendrá una idea de lo grande que es ese logro.
FUENTE / IMÁGENES: Good News Network.

