El ingeniero aeroespacial Rüdiger Koch busca dejar sentado que el mar puede ser un lugar habitable y funcional para el ser humano y ha elegido el lecho marino contiguo a Puerto Lindo, provincia de Colón, para comprobarlo.
Ha demostrado la posibilidad de vivir y trabajar bajo el océano y como recompensa, su nombre se ha inmortalizado en el Libro de Récords de Guinness. Él es Rüdiger Koch y es un ingeniero aeroespacial alemán que, a sus 59 años de edad, rompió una marca mundial por ser la persona que más tiempo ha pasado bajo el agua, nada menos que 120 días.
Koch conquistó su proeza a bordo de la cápsula sumergida a 11 metros de profundidad en el mar Caribe, costas de Puerto Lindo, localidad de la provincia de Colón.
La cápsula submarina, acoplada a una futurista casa flotante, fue el refugio de Koch desde el pasado 26 de septiembre de 2024 hasta el 24 de enero de 2025.

“No es particularmente difícil. No siento que esté sufriendo aquí abajo en absoluto, aunque lo más difícil es que a veces quiero hacer buceo”.
afirmó Koch a CBS News.
Un hogar del futuro
La cápsula submarina es una vivienda futurista con todo lo básico para vivir: cama, baño, computadora, TV, ventiladores, bicicleta estática, acceso a internet satelital y un generador eléctrico alimentado por energía solar.

El refugio submarino de 30 metros cuadrados, recuerda al submarino del célebre capitán ‘Nemo', el protagonista del libro de aventuras «20,000 leguas de viaje submarino» de Julio Verne, sin duda inspiración de la aventura de Koch.
A la cápsula está conectada una casa flotante que facilita la autonomía y el acceso de suministros.
La casa sobre el agua es una estructura circular montada sobre un cilindro y rodeada por ventanas de 360 grados. Aquí se encuentran otros miembros del equipo de apoyo y ocasionalmente recibe periodistas o visitantes; no obstante, las interacciones están limitadas, como parte del rigor del experimento.
En su interior, una estrecha escalera de caracol desciende hasta la cabina submarina donde Koch vive y trabaja, rodeado por la tranquilidad de su entorno. Una distancia de 15 minutos en bote separa la casa flotante de la costa de Linton Bay.

“Mudarnos al océano debería ser una opción que consideremos. Aquí abajo es mucho más pacífico; no es como la vida urbana. Lo único que se escucha son las olas y un leve murmullo de los peces”.
explicó Koch.
A lo largo de su permanencia, Koch experimentó los desafíos y beneficios de este tipo de vida, incluyendo los efectos sobre su bienestar psicológico. Cabe destacar que durante el desarrollo de su experimento, Koch recibía la visita regular de un médico y sus dos hijos.

Colaboración conjunta de Johar Ferrara, Juan José Rodríguez para AFP y Cinthia Almanza.
FUENTE / IMÁGENES: TVN.
IMÁGENES ADICIONALES: Infobae.