Actualmente en construcción, el Paso de Fauna Wallis Annenberg es un paso elevado cubierto de vegetación preparado para el tránsito de vida silvestre a través de una autopista de 10 carriles en California.
En Liberty Canyon, zona de gran valor ecológico en Los Ángeles, se está construyendo el que será el puente para la fauna silvestre más grande del mundo: el paso Wallis Annenberg. Con 64 metros de largo y 53 metros de ancho, esta estructura atraviesa de lado a lado los diez carriles de la autopista 101 de Los Ángeles, donde a diario cruzan en promedio 300.000 vehículos.

El cruce conecta dos zonas de la cordillera de Santa Mónica, proporcionando un hábitat seguro para especies locales como pumas, ranas e insectos, y evitando las frecuentes colisiones en una de las autopistas más transitadas del país. Con casi una hectárea de vegetación nativa y muros de sonido de 3,6 metros para reducir el ruido y la luz, representa una innovadora hazaña de ingeniería.
Un proyecto anticipado
Beth Pratt, directora ejecutiva regional en California de la Federación Nacional de Vida Silvestre, ha dedicado los últimos 13 años a hacer posible este cruce. La fase de construcción inició en 2022 como resultado de una colaboración entre entidades públicas y privadas que unieron esfuerzos para financiar los $92 millones de capital. Caltrans, Departamento de transporte del estado, respaldó la iniciativa apoyándose en estudios que indican los beneficios económicos en términos de ahorro que los pasos de fauna facilitan al disminuir los encuentros entre animales y vehículos.
«Estamos un paso más cerca de reconectar la vida silvestre con un hábitat que ha estado dividido durante generaciones. No solo estamos restaurando hábitats, sino que también estamos haciendo nuestras carreteras más seguras”.
declaró en su comunicado el gobernador de California, Gavin Newsom.
A diferencia de la mayoría de los cruces para fauna hechos de cemento y acero, este puente fue diseñado para integrarse fluidamente con el entorno natural. Años de investigación y diseño especializado hicieron posible la disposición de un suelo para el paso cuidadosamente elaborado con rocas ligeras, tierra vegetal y compost.
Para integrarlo al ecosistema local, se cultivaron y reintrodujeron microorganismos como hongos micorrícicos y bacterias, transformando el suelo en lo que Robert Rock, arquitecto paisajista de Rock Design Associates en Chicago y director del diseño considera una “porción viva y respirable de la capa de suelo que sostiene el material vegetal”.
En total, se cubrieron con tierra unas 6.000 yardas del suelo del paso, a lo largo de varias semanas, después de las cuales se comenzó el cultivo de 5.000 ejemplares de especies nativas, como salvia, girasoles y algodoncillo. La Federación Nacional de Vida Silvestre gestionó la recolección de más de 1,1 millones de semillas de 30 diferentes especies vegetales locales en los ocho kilómetros a la redonda, para plantarlas en macetas de 4,8 litros y conformar el vivero que abastece el proceso de trasplante que escalará.

También, para aumentar la resiliencia del área ante incendios y lluvias, el proyecto apostó por soluciones basadas en la naturaleza, como el uso de plantas autóctonas y la exclusión de especies invasoras.
El diseño además favorece que las aguas pluviales se filtren en el entorno natural.
El cruce Wallis Annenberg estará terminado a finales de 2026. Este símbolo de la conexión entre los humanos y la vida silvestre, transmite alto y claro un mensaje a los conductores: aunque fueron los humanos los que causaron la fragmentación del hábitat con sus líneas de hormigón y asfalto, ahora están sembrando puentes de unión para la madre naturaleza.
«No es solo un puente por el que pasan los coches. Es una verdadera extensión del ecosistema de las montañas de Santa Mónica. Y para mí, eso es esperanzador; incluso una autopista es rescatable«.
dice Pratt.

FUENTE / IMÁGENES: The Guardian.
IMÁGENES ADICIONALES: Wikipedia.

