El plástico pasó a ser la causa de múltiples problemas para los que fue planteado como una solución inicial y en su corto, pero tumultuoso camino, terminó gestando una sociedad de consumo de masas.
Aunque hoy es una amenaza para la biodiversidad, los océanos y la cadena alimentaria global, el plástico fue en su momento, responsable de salvar numerosas vidas por su resistencia, ligereza y economía. Como es obvio, terminaría por contribuir con un impulso en el progreso mundial, muy ligado al auge de la sociedad de consumo masivo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

En la década de 1950 y las dos siguientes, el plástico contó con una imagen positiva “en todos los aspectos de la vida”, afirma el Atlas del Plástico, de la Fundación Heinroch Böll Stiftung. En el ámbito de la salud, dispositivos médicos de plástico de un solo uso, como catéteres, bolsas y jeringas, han mejorado la higiene y la atención sanitaria, además de haber contribuido al aumento de la esperanza de vida.
En el área de embalaje, los plásticos ayudaron a conservar mejor los productos, disminuyeron el desperdicio de alimentos y, en efecto, colaboraron en la lucha contra el hambre, sostienen algunos defensores de este material.

El plástico a través de los tiempos
Cuando la epidemia de sida diezmaba la población más joven, el grupo de rock francés Elmer Food Beat cantaba “el plástico, es fantástico” para promover el uso de preservativos frente a esta enfermedad: el látex, y por extensión el plástico, podía salvar vidas.

Hoy, los valores asociados al plástico cambiaron, con la misma banda musical reinterpretando la letra de su melodía para alertar sobre la contaminación: “el plástico, es dramático”, dicen ahora. En el siglo XXI, “el plástico se vuelve inteligente, escucha a la gente”, defiende Mickaël Pruvost, ingeniero de investigación en el grupo químico Arkema, productor de polímeros piezoeléctricos con sensores integrados.
Este grupo apuesta por plásticos capaces de detectar movimientos, vibraciones o ritmos cardíacos y, por ejemplo, enviar alertas en caso de caídas de personas mayores o bebés..
Plásticos surgidos de la naturaleza
Materias primas naturales y renovables fueron las primeras en utilizarse para fabricar plástico, como el caucho que desarrolló Charles Goodyear. En 1862 se creó la parkesina a partir de celulosa vegetal moldeada con calor, lo que facilitó, siete años después, la invención del celuloide en Estados Unidos, mezclando parkesina caliente con alcanfor y alcohol.

Pronto, este material encontró sus primeras aplicaciones industriales: sustituyó el marfil en las bolas de billar, el carey en los peines y fue clave en las primeras películas cinematográficas. La llamada “seda Chardonnet”, patentada por el químico francés Hilaire de Chardonnet en 1884, es la primera tela artificial, una fibra sintética que luego se convertirá en el nailon y el tergal.
El primer plástico completamente sintético, sin ninguna molécula de origen natural, fue inventado en 1907 en Estados Unidos por el químico belga Léo Baekeland: la baquelita, producto de una reacción entre el fenol y el formaldehído. Este material se utilizó para fabricar carcasas de teléfonos, enchufes eléctricos y ceniceros.

Producción exponencial
Otro hito en la historia del plástico lo marca en 1912, el químico alemán Friz Klatte, pionero de los polímeros, quien patenta el policloruro de vinilo, más conocido después con las siglas PVC. En los años 1950 su uso se dispara al descubrirse que puede fabricarse a partir de un subproducto muy barato de la industria química, el cloro.
En la década de 1950, se consolida la producción industrial de plásticos a partir de fracciones refinadas de petróleo, con tres productos clave: la silicona; la poliamida, eficaz como material para los paracaídas de las tropas estadounidenses en el desembarco de Normandía en 1944 y el teflón, cuya resistencia se aprovechó en principio en aplicaciones bélicas y luego se popularizó como revestimiento en utensilios de cocina.

Actualmente
La producción mundial de plástico se multiplicó por 230 entre 1950 y la actualidad, mientras que la población mundial “solo” se triplicaba alcanzando 8.200 millones de habitantes, según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). A día de hoy, el 60 % del plástico producido se destina al embalaje, la construcción y el transporte, el 10 % va al textil, 4 % a la electrónica, 10 % a productos de consumo, 2 % a neumáticos y 15 % a otros usos.

Solo 9 % se recicla y entre 19 millones y 23 millones de toneladas terminan en lagos, ríos y océanos, afirma la OCDE. Desde 2019, la OMS evalúa las consecuencias para la salud humana de los microplásticos que surgen de la degradación de los residuos plásticos en el medioambiente y que tiene consecuencias en el sistema inmunitario, respiratorio o endocrino, y reduce la fertilidad.
FUENTE: La Estrella.
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