Un proyecto de la Fundación Alpina en el corregimiento de Nazareth logró que 170 familias Wayuu cultiven en medio del desierto.
En la punta nororiental de Alta Guajira, el proyecto agroecológico ‘Huertas agroecológicas para el fortalecimiento de medios de vida’ de la Fundación Alpina permitió fortalecer la resiliencia comunitaria en medio del desierto, lo que le valió el Reconocimiento a las Buenas Prácticas de Desarrollo Sostenible por la Red del Pacto Global Colombia y la Cámara de Comercio de Bogotá.
El reconocimiento premia iniciativas que, como esta, van en sintonía con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, específicamente el ODS 2: Hambre Cero, al fortalecer la seguridad alimentaria y fomentar la sostenibilidad en las comunidades Wayuu del corregimiento de Nazareth, en Uribia, una de las zonas más remotas de Colombia.

“Estamos muy felices y orgullosos por este reconocimiento. Es una oportunidad muy grande de mostrar que sí se puede, incluso en un territorio con tantas dificultades como la Alta Guajira”.
aseguró Camila Aguilar, directora ejecutiva de la Fundación Alpina.
Más de una década de labor constante
En 2013, la Fundación Alpina llegó a La Guajira para vincularse con las comunidades antes de emprender proyectos a gran escala. Desde entonces, ha desarrollado procesos productivos y sociales de largo aliento. “No se trata de que la Fundación llegue a imponer ideas, sino de ser un instrumento para lo que estas comunidades necesitan”, explicó Aguilar.

Con tres años de duración, el proyecto de las huertas beneficia a 500 personas de 170 familias en diez comunidades, integrando huertas familiares y comunitarias, acceso al agua, agricultura sostenible, equidad y fomento de la asociatividad económica, con profesionales residentes dando acompañamiento.
“Ese acompañamiento cercano es el ingrediente de la receta que hace la diferencia. No es una visita esporádica, sino un proceso de confianza y permanencia”.
destacó Aguilar.
La Macuira
El éxito de las huertas en Nazareth, La Guajira, se debe a las condiciones de bosque seco tropical y semidesértico de la Serranía de La Macuira, que concentra más agua que otras zonas desérticas, permitiendo el uso de pozos menos profundos.
“Precisamente por esas características de bosque, la Macuira tiene más agua que otras áreas. Los pozos aquí son mucho menos profundos de lo que se requiere en otras partes de La Guajira, y eso facilita que las comunidades puedan acceder a este recurso vital. Con un buen tratamiento agroecológico, la tierra recibe los nutrientes necesarios para sembrar los productos que ellos decidan”.
explicó Aguilar.
Estos pozos son clave para la sostenibilidad del proyecto, garantizando que las huertas sean permanentes. Gracias al trabajo agroecológico, las comunidades Wayuu han diversificado su alimentación con cultivos como tomate, maíz, yuca, frijol, patilla, cilantro, berenjena y remolacha, además de proteína animal mediante gallinas.

“Las comunidades pasaron de tener dos productos de alto valor alimenticio a tener ocho durante todo el año, y de comer dos veces al día a tener tres comidas diarias. Eso es lo que hace sostenible el hambre cero: no depender de mercados puntuales, sino producir de forma autónoma”.
añadió Aguilar.
Un testimonio recogido en el terreno refleja el impacto tangible: “Desde que comemos productos de la huerta, he notado que la piel de mi hijo está más bonita. También siento que está más atento, más activo y pone más atención”, relató una madre Wayuu.
Un modelo replicable de alimentación y empoderamiento
La transformación del proyecto trasciende la alimentación: las mujeres lideran el 61 % de las decisiones comunitarias y han promovido nuevas formas de organización, fortaleciendo la seguridad alimentaria, la autoestima y la cohesión de la comunidad.

“Antes dependíamos de lo que llegara de afuera. Ahora con orgullo puedo proveer no solo a mi familia, sino a mis vecinos”, contó otro de los participantes, sustentando lo que para la Fundación realmente significa Hambre Cero.
El proyecto colombiano ha alcanzado sostenibilidad, con huertas gestionadas de forma autónoma, grupos de ahorro y puntos de venta comunitarios que generan ingresos. Fundación Alpina considera que su éxito en un territorio tan remoto demuestra que la iniciativa puede replicarse en otras comunidades.

FUENTE / IMÁGENES: El Tiempo.