Reducir las carencias del sistema educativo panameño en ciencia y tecnología es esencial para preparar a la fuerza laboral del país con las competencias que exige un futuro muy próximo.
La educación en Panamá tiene grandes vacíos, especialmente en los campos de la ciencia y la tecnología. Las denominadas “carreras del futuro” —como inteligencia artificial, big data, robótica o ciencia de datos— son, paradójicamente, las menos disponibles en la oferta educativa, aunque serán las más demandadas en los próximos años.

Milena Gómez, encargada del Instituto Técnico Superior Especializado (ITSE), se hace eco de esta problemática y de la necesidad de crear una hoja de ruta correctiva con miras hacia el año 2030. Construir un futuro mejor representa un desafío que podría definir el rumbo del país: el 72% de la población panameña no tendrá las competencias necesarias para los empleos del futuro, advirtió Gómez.
Este dato no solo revela una crisis educativa, sino también un riesgo económico y social que, si no se aborda, podría ensanchar la distancia entre educación, productividad y bienestar. Esa brecha es especialmente marcada en las áreas STEAM —Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas—, que concentran el 49% del potencial productivo del país.
Según Gómez, la educación técnica debe transformarse hacia un modelo de “técnicos 4.0”, preparados para enfrentar desafíos complejos, adaptarse a la automatización y promover la transformación digital con responsabilidad, ética y valores; porque “ya no basta con tener un título técnico. Se necesita una educación flexible, interdisciplinaria y con pensamiento crítico”.
Digitalización y automatización

De acuerdo con el Foro Económico Mundial, en los próximos años se eliminarán 92 millones de empleos, pero surgirán 170 millones nuevos relacionados con la inteligencia artificial, el análisis de datos, la ciberseguridad y la tecnología aplicada. No obstante, en Panamá la mayoría de los programas educativos aún se enfocan en profesiones que están perdiendo vigencia.
Añade Gómez que como consecuencia, “el sector productivo no encuentre las competencias que necesita. Tenemos una formación académica que no conversa con la realidad”. Este desfase genera un desempleo estructural, pues miles de jóvenes se gradúan de las universidades sin las competencias que requiere la economía digital.
Esto es, haciendo una analogía, “preparar a los mejores buzos para trabajar en el desierto”. Felizmente, las instituciones educativas están poniendo manos a la obra, con el Itse encabezando la iniciativa de implementar un modelo de formación de Alemania 4.0, centrado en la resolución de problemas mediante aprendizaje basado en retos empresariales. Este programa recibe el apoyo del Tecnológico de Monterrey.
La estructura del sistema tiene el potencial de lograr que ocho de cada diez graduados obtengan empleo, mientras los otros dos optan por emprender o continuar su formación académica.
Colaboración de Yolanda Sandoval.
FUENTE: Prensa.
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